Mientras se desgañitaba acusando a las potencias extranjeras (léase UUEE, UK y Francia) de estar detrás de las revueltas, 180 diputados del total de 290 con los que cuenta el parlamento iraní lo dejaron plantado en su celebración de la victoria electoral (pucherazo electoral santificado por el Consejo de guardianes de la revolución y el líder supremo). Dos de cada tres diputados decidieron no asistir. Esto es especialmente sintomático en un país en el que la asistencia a este tipo de actos es prácticamente obligatoria.
Hay que señalar que los reformistas solo cuentan con 60 diputados. Es decir que 120 diputados de los considerados afines a Ahmadinejad decidieron no asistir.
¿Por qué?
No lo sé, pero creo que es importante. Algo se está moviendo.